Esto es esto - Isaías Garde - Textos en transición

jueves, 4 de junio de 2026

Esto es esto

Está muy bien que no se entienda. No es para entender, es abstracto; debe ser abstracto, como dijo un poeta multimillonario. “Debe ser” significa que no puede sino ser. No hay nada que entender, aunque lo estemos explicando. No hay nada que entender en las explicaciones. Todos explicamos, de infinitas maneras, lo mismo inexplicable.


Es mejor (y es más barato), es más eficaz el recurso a la tautología. Por eso venimos diciendo, y vamos a seguir diciendo, que la tautología es la abstracción y que lo nuestro es, si es que es algo, la tautología. El porque sí.


Ahora una escena aparentemente concreta aunque abstracta, una escena repetida: la mañana y el sol rasante que le otorga al limonero una nitidez provisoria. Los demás árboles y el suelo arenoso. Nombres y nombres. Explicaciones arbitrarias de lo que no sabemos en absoluto de qué se trata.


Esto es así (lo dijo otro poeta). Esto es esto. Esto es tiempo, decimos in extremis. Esta es la inmovilidad total que nos lleva y nos trae. Lejos, cerca. Al fin y al cabo no hay cabo ni fin. Ni donde. Más bien diríamos que hay cuandos, aunque decir eso no es mucho más satisfactorio.


La gran cosa de ahora, de este ahora, de cada ahora, es que demuele a todos los demás ahora. Ahora nosotros. Nosotros ahora. Devoramos ahora y este registro no es más que un hilo del azar que no tiene hilos.


Y ahora ¿qué ahora es? ¿Nos salteamos algunos ahora? Es imposible saltarse algún ahora. O, dicho de otro modo, es posible en el lenguaje, es decir, en ninguna parte. Y con eso vamos, tranquilos.


Decimos toda la verdad y no mentimos, salvo que la verdad que podemos decir es la mentira misma. Da igual. Da o no da. Si da, da igual. Si no da, da igual.


Da igual que ahora estemos en el extremo opuesto del enorme parque y desde acá no veamos al limonero. Da igual que el sol ya no se muestre rasante sino como aplastado sobre los otros árboles. Da igual que estemos adentro cuando antes estábamos afuera. Da igual porque no hay otro ahora que el ahora de adentro declarando el ahora de afuera.


Todo está en orden. No hay peligro. Disparemos lo que disparemos y hacia donde disparemos, siempre acertamos, porque no nos es dado no acertar; no nos es dado fallar. Esa es la ley o ese es el algoritmo. Disparemos entonces.


Meditación ante una orquídea asentada sobre el tronco de un tilo: una orquídea está asentada sobre el tronco de un tilo. Fin de la meditación.


Todo lo que no es esa orquídea y su asentamiento en el tronco del tilo, todo el resto, vale decir el universo, suena en un mar de fondo.


Tuvimos que salir para registrar el asunto de la orquídea. Tuvimos que entrar para plasmar el registro y desde esas acciones o entre esas acciones pueden haber pasado años. Da igual. El hilo del azar sin hilos pone en el continuo el asunto de la orquídea, lo fabuliza.


Se entiende la orquídea. No se entiende la orquídea. Se explica la orquídea. No se explica la orquídea. Todo esto es así porque así es todo esto, porque esto es así, como dijo (y ya lo dijimos) un poeta.


El hilo del azar, o mejor dicho, los hilos del azar, aunque la condición del azar es carecer de hilos, se cruzan por todas partes. Tramas cualquiera. Tramas y tramas. Todas de golpe, todas repentinas, por no decir súbitas. Todas inconsecuentes, pero tramas de hilos del azar.


Porque en este ahora no encontramos otras palabras que la palabra “tramas”, que la palabra “hilos”; que la palabra “azar”.


En Del modo en que sea


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