Finales fugaces - Isaías Garde - Textos en transición

martes, 27 de octubre de 2026

Finales fugaces

Lo que no vale es la intención. Así en el arte como en la vida, y en ningún caso. La intención casi siempre falla, y si es que acierta es nefasta. En nuestro caso, estamos a resguardo de las intenciones, ya que no nos es dado desarrollar intenciones. No es una cuestión de voluntad; si fuera una cuestión de voluntad, seguiríamos en el terreno de las intenciones. Es más bien un límite, un impedimento que nos beneficia o que, al menos, nos hace inofensivos -para nosotros mismos y para terceros-. Es cierto, y ya lo dijimos, que no hay terceros. Y en cuanto a eso de “nosotros mismos”, habría que tomarlo con cautela. Lo nuestro es más bien una cuestión de impulso o de inercia ante un impulso inescrutable. Una cuerda que se estira y se afloja y se estira. Esa es la dinámica que hace que nos movamos dentro de lo que llamamos límite. Del modo en que sea, este es el escenario sin escenas. Es la abstracción, la gran tautología hasta el hartazgo, salvo que no nos está dado el hartazgo. Hasta el final, salvo que no nos está dado el final, al menos un final que pudiera ser escrito con mayúscula. Sí finales provisorios; esos, sí. Finales fugaces, nada incómodos, o mínimamente incómodos.


En Del modo en que sea


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