Una de las mujeres, la que nos da la espalda, no nos interesa.
El gato, atento a los movimientos de la mujer que nos da la espalda, tampoco nos interesa.
La que nos interesa es la otra mujer, la que mira hacia nosotros.
Parece que la hubiéramos sorprendido en esa mirada que nos incluye. O parece que ella nos estuviera sorprendiendo a nosotros con nuestra mirada clavada en ella.
Esa mirada de ella, que cristaliza la escena banal, sugiere que está por ocurrir algo decisivo o que acaba de ocurrir algo decisivo.
Eso no queda claro y no va a quedar claro.
Esa mirada de ella es el foco indeciso que podría abrir cauce al poema, aunque ningún poema se manifiesta.


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